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jueves, 27 de septiembre de 2018

Insecticidas que lo mismo matan plagas agrícolas que piojos



Plaguicida es un término intencionadamente equívoco si se pretende designar las sustancias químicas destinadas a eliminar las plagas, porque los insecticidas en general no distinguen los ectoparásitos en su acción, no diferencia y eliminan exclusivamente los organismos nocivos. Del mismo modo que los pediculicidas no son agentes químicos que matan piojos, pues tampoco distinguen los agentes nocivos cuando actúan. De hecho, durante décadas las mismas sustancias químicas han sido utilizadas indistintamente como plaguicidas o pediculicidas. Porque, en esencia, lo que los distingue es la dosis, el cómo y el dónde se aplican. Los términos plaguicida y pediculicida tienen la misma intención eufemística, no matan plagas o piojos sino que matan insectos, y más propio sería denominar a dichas sustancias como biocidas.
La lucha contra los agentes nocivos en la agricultura utilizando únicamente insecticidas químicos se ha demostrado insuficiente, pues éstos desarrollan resistencias en los insectos a las materias activas insecticidas, y condena el control de plagas en la agricultura al aumento de su consumo. De hecho, en los últimos años el consumo mundial de pesticidas en la agricultura ha aumentado (Gráfico I), pese a lo cual la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación) estima que aproximadamente el 40% de la producción agrícola mundial se pierde debido a plagas y enfermedades.


Gráfico I -  consumo mundial de pesticidas, Fuente Faostat, Fao

Y de igual modo en pleno siglo XXI las infestaciones por piojos de la cabeza son muy frecuentes debido, entre otros motivos, al aumento de las resistencias a los insecticidas clásicos.
La utilización de insecticidas, plaguicidas y pediculicidas, no es suficiente en la lucha contra las plagas. Porque el uso indiscriminado y repetido de los insecticidas químicos no hace sino agravar el problema de las plagas. En la lucha contra las infestaciones de piojos son fundamentales las medidas de prevención y el conocimiento sobre su comportamiento. Y lo mismo sucede en la agricultura, pues es fundamental tener información sobre el comportamiento y el estado de desarrollo de las plagas, de modo que se pueda reducir a lo imprescindible el uso de insecticidas químicos. Por ese motivo hemos desarrollado FuturCrop, un sistema de avisos de riesgo y sistema automatizado de información del desarrollo de 179 plagas y 8 enfermedades agrícolas que sirve de apoyo en la toma de decisiones, permite la reducción de fitosanitarios y facilita la aplicación de técnicas alternativas en la Gestión Integrada de Plagas.
La historia de los tratamientos plaguicidas y pediculicidas, es decir la lucha contra las plagas en los cultivos y contra los piojos en los seres humanos, ha evolucionado de manera similar, porque en realidad se trata de aplicar las mismas materias activas. La diferencia está en que su aplicación en la agricultura puede producir graves efectos en la salud humana y el medioambiente.
La era de los insecticidas organoclorados
El DDT (Dicloro Difenil Tricloroetano), un insecticida organocolorado fue utilizado intensamente durante gran parte del siglo XX como plaguicida en la agricultura, para combatir enfermedades como la malaria, y fue utilizado también para eliminar los piojos. A partir del año 2005, tras la prohibición del DDT en el Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes, otros plaguicidas organoclorados, como el lindano o el metoxiclor, lo sustituyeron en la lucha contra las plagas agrícolas y contra los piojos. El lindano, un derivado del benzeno que actúa de forma muy tóxica sobre el sistema nervioso si se absorbe a través de la piel, se utilizó durante años como pediculicida y contra la sarna (causada por un ácaro parásito). También fue un insecticida ampliamente utilizado en la agricultura hasta 1991. Actualmente el uso de productos basados en Lindano están  totalmente prohibidos.
Los insecticidas organofosforados
Muchos insecticidas organoclorados tienen prohibida su producción, comercialización y uso. Tal es el caso del dicofol, heptacloro, clordano, endrina, mirex, pentaclorofenol, etc que fueron insecticidas ampliamente utilizados para combatir las plagas del maíz, algodón, tabaco y otros cultivos. La prohibición de los organoclorados llevó al desarrollo de los plaguicidas organofosforados, que actúan interfiriendo en la transmisión de los impulsos nerviosos. El malation es uno de los insecticidas de más amplio espectro, que inhibe la enzima colinesteresa del insecto, y es usado tanto como insecticida agrícola como pediculicida. Se trata de un insecticida que puede tener efectos en la salud humana, pero como las dosis que son letales para insectos no lo son para los humanos, es ampliamente utilizado en agricultura (aunque las dosis tóxicas son establecidas de modo individual y no existen estudios sobre su efecto acumulativo).
Neonicotinoides y piretrinas.
Tras años de aplicar productos químicos con la misma materia activa en los alimentos y las cabezas de los seres humanos, sin determinar seriamente su toxicidad en el ser humano y su efecto sobre el medioambiente, el mercado y la legislación empezaron a demandar otro tipo de productos insecticidas. Y las empresas aprovecharon las propiedades insecticidas de ciertas plantas como el tabaco o las flores del piretro. Se desarrollaron los neonicotinoides, como por ejemplo el Imidacloprid, que se usaron ampliamente en la agricultura. Sin embargo, como antes se aprueban y comercializan los productos que se evalúa su incidencia en el medioambiente o la salud, actualmente los neonicotinoides están siendo restringidos en varios países debido a una posible conexión con la mortalidad de las abejas. Similar insecticida es la permetrina, un plaguicida de amplio espectro y muy utilizado en agricultura, con poca toxicidad para los mamíferos (excepto los gatos). Sin embargo, los productos que contienen esta sustancia sueles utilizar el butóxido de piperonil como inhibidor de las enzimas que actúan en la detoxificación, con el fin de potenciar la acción del insecticida. Y este sinérgico de plaguicidas es considerada por algunos científicos como causante de cáncer en humanos.
Como pediculicida, la permetrina también tiene su función, porque la mayor parte de los champús antipiojos contienen esta sustancia insecticida, aunque en dosis muy bajas. Y es que, como comentábamos inicialmente, la permetrina no es un plaguicida o un pediculicida, sino un biocida, y su función es la de matar insectos indiscriminadamente, sin diferenciar los parásitos de otros insectos.
Para disminuir su incidencia en la salud y el medioambiente, y para mejorar su eficacia, el uso de insecticidas químicos tiene que combinarse con otros medios alternativos de lucha contra las plagas y, sobre todo, tienen que aplicarse en el momento de desarrollo de la plaga en que sean más eficientes.
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viernes, 2 de marzo de 2018

Pasado, presente y futuro de la utilización de insecticidas químicos en la agricultura










El azufre, el sulfato de cobre, la cal, el arsénico, la nicotina, son sustancias que se han utilizado tradicionalmente en la agricultura para preservar las cosechas del ataque de las plagas. Muchas de esas sustancias son tóxicas para todos los seres vivos, pero también esenciales para la vida. Algunas de estas sustancias pueden ser componentes de algunos medicamentos.

A principios del siglo XX, con el desarrollo exponencial de la industria de síntesis química, se empezaron a utilizar en la agricultura los plaguicidas sintéticos, inicialmente plaguicidas organoclorados, como el DDT, el lindano, aldrin, endrin, etc. Se trataba de sustancias semivolátiles y persistentes, que aseguraban un efecto insecticida más prolongado sobre los cultivos. En un primer momento fueron una solución rápida, económica y fácil al problema de las plagas. Dichos insecticidas se utilizaron extensivamente desde la década de los 50 hasta los años 70. Sin embargo, posteriores  estudios científicos demostraron que esos componentes químicos se acumulaban en los tejidos vivos y aumentaban su concentración al ascender en la cadena trófica. Y se relacionaron con efectos nocivos sobre la salud: un incremento del riesgo de cáncer, origen de malformaciones y otras patologías. Consecuentemente, a partir del año 2000 los insecticidas organoclorados se prohibieron en numerosos países. A pesar de ello, todavía convivimos con sus residuos, pues aún se encuentran en los seres humanos y mamíferos en todo el planeta muchos años después de que su producción y uso hayan sido limitados

Pero la agricultura de producción intensiva ya se había acostumbrado a la utilización de los productos químicos, pues reducían algunas labores del campo, eran relativamente sencillos de aplicar, inicialmente baratos, y se podían repetir los tratamientos cuantas veces hiciera falta. Con la prohibición de los primeros insecticidas sintéticos, el sector agrícola necesitaba similares productos que utilizar. Y se trataba de un gran nuevo mercado para las empresas químicas. Además, las empresas químicas podían aprovechar para la agricultura los avances realizados durante la Segunda Guerra Mundial en el desarrollo de gases neurotóxicos de uso exclusivamente militar. Se desarrollaron y comercializaron para el uso agrícola los insecticidas organofosforados (malation, paration, etc) y los carbamatos. Los primeros son muy tóxicos para el hombre, aunque poco persistentes pues se eliminan en la orina. Consolidaron su uso agrícola a partir de los años 50, hasta la actualidad. Por otro lado, los carbamatos (por ejemplo el carbaril, o el propoxur) son poco tóxicos y poco persistentes. Menos eficaces por tanto en su acción como pesticidas y, por ese motivo, se usan menos en la agricultura, y más como insecticida domésticos. Tampoco se trata de compuestos totalmente inofensivos pues son relativamente solubles, tienen por tanto facilidad para contaminar las aguas.

La importancia de los efectos que puedan tener los insecticidas organofosforados y carbamatos sobre la salud puede ser comprendida cuando se estima que aproximadamente tres millones de personas se exponen anualmente a dichos agentes.

En años recientes se han desarrollado nuevos compuestos químicos que se aplican como insecticidas en la agricultura, como es el caso de los organoestannicos, los neonicotinoides (químicamente similares a la nicotina, y actualmente los insecticidas más utilizados), los piretroides (que emulan los efectos insecticidas de las piretrinas naturales), etc.

A pesar de los problemas que los estudios científicos están demostrando que numerosos pesticidas están causando en la salud y en el medio ambiente, se ha generalizado el uso agrícola de estos compuestos químicos en el control de las plagas. Realmente es muy difícil determinar el efecto de estos compuestos químicos en los organismos humanos. Puede tardar entre 20 o 30 años en manifestarse un efecto negativo en el organismo. Y la ciencia necesitaría otros 20 años para demostrar la relación de causa-efecto. Con dichos plazos de tiempo, cuando un producto eventualmente se retire del mercado, para algunas personas, para el medio ambiente, puede que ya sea tarde. Lo razonable sería que a la industria agroquímica se le exigiera comprobar los efectos de todas las sustancias de sus productos a priori, y no a posteriori, por los efectos que tiene sobre los alimentos y por tanto sobre la salud humana.

Que la agricultura de producción intensiva actual depende de los insecticidas químicos para el control de las plagas es un hecho. Según los datos de la Faostat, el organismo de estadística de la FAO, el consumo mundial de pesticidas se incrementa anualmente desde hace décadas. De las 45.000 toneladas de consumo mundial en los años 50, el uso de insecticidas químicos en la agricultura ha ido creciendo constantemente, con un significativo incremento en el año 2003. A partir del año 2014 el consumo mundial anual de insecticidas químicos superó los 3 millones de toneladas. La cifra es aún mayor porque las estadísticas no incluyen a la Federación de Rusia, que no aporta datos para la elaboración de las estadísticas. El ranking de consumo de insecticidas químicos es muy similar al ranking de los mayores países productores agrícolas. China, el mayor productor agrícola del mundo, es el país que más pesticidas utiliza (1,8 millones de toneladas), seguido por Argentina y México. Desde otra perspectiva, teniendo en cuenta la superficie cultivada de cada país, el consumo por hectárea más alto corresponde a Japón, Corea del Sur y Taiwan.

A pesar del uso generalizado de pesticidas para el control de plagas en la agricultura, no parece que el problema de las plagas y enfermedades de los cultivos esté solucionado. Porque la mera utilización de pesticidas no garantiza la eficiencia de los tratamientos químicos. De hecho, sólo un 30% de los pesticidas tiene efecto en el control de las plagas. Porque gran parte del producto se pierde por volatilización, escorrentías o lixiviación. El cultivo convencional requiere varias aplicaciones de tratamientos, de un conjunto diverso de componentes. Lo cual no sólo aumenta los costes, sino que también causa una grave contaminación ambiental y excesivos residuos de pesticidas en los alimentos.

Además, como consecuencia del uso repetido e indiscriminado de los insecticidas químicos sobre las cosechas, la presión evolutiva ha favorecido la resistencia a los mismos por parte de las plagas. Un fenómeno que se ha incrementado recientemente. Sin embargo, no hay duda de que las multinacionales agroquímicas ofrecerán a los agricultores nuevos productos que solucionen el problema. Porque ese sistema de cada vez mayor consumo de pesticidas para mayor beneficio de los fabricantes es el “futuro” de la agricultura que anhelan.

Es más, a pesar del incremento anual en el uso de pesticidas químicos, los daños de las plagas en los cultivos no se ha reducido significativamente. En un informe presentado ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, Hilal Elver, Relatora Especial sobre el derecho a la alimentación, decía:

"96. A pesar de su uso generalizado, los plaguicidas químicos no han logrado reducir las pérdidas de cosechas en los últimos 40 años (E. C. Oerke, “Crop losses due to pests”, Journal of Agricultural Science, vol. 144, núm. 1 (febrero de 2006). A/HRC/34/48 24 GE.17-01059). Ello se ha atribuido a su uso indiscriminado y no selectivo, que hace que no solo mueran las plagas, sino también sus enemigos naturales y los insectos polinizadores. La eficacia de los plaguicidas químicos también se ve enormemente reducida por la resistencia que se desarrolla a ellos con el tiempo."

Aún actualmente, a nivel mundial, se estima que las pérdidas anuales de cosechas debido a las plagas y enfermedades oscila  entre el 20 y el 40 por ciento de la producción. En términos de valor económico, las plagas y  las enfermedades de las plantas le costó a la economía global alrededor de 220 mil millones de dólares anuales, y los daños producidos por insectos invasores, o plagas transfronterizas (un fenómeno preocupante, consecuencia del cambio climático y del comercio global)  alrededor de US $ 70 mil millones.
 El grado de saturación de plagas para una región es la media de los grados de saturación de los países de esa región. El grado de saturación en un país es el número de plagas y patógenos actualmente presentes dividido por el número de plagas y patógenos que podrían ocurrir. Fuente Bebber, Holmens and Gurr, 2014. The global spread of crop pests and pathogens. Global Ecology and Biogeography, 23(12): 1398–1407.

Aproximadamente el 10% de las plagas y enfermedades de las plantas ya han infestado la mitad del países que podrían haber infestado. Y este fenómeno está aumentando debido a diversos factores, entre los que se encuentran el movimiento de materiales de siembra, el comercio internacional y el aumento global de las temperaturas. A pesar del incremento en el uso de insecticidas químicos en la agricultura, nuevas plagas arruinan las cosechas de aquellos lugares donde se implantan por primera vez.

Las promesas de incremento de las cosechas lanzadas al viento por empresas y lobbies no se han materializado. Los agricultores han perdido control de sus costes, y las malezas y las plagas serán cada día más resistentes al uso indiscriminado de los pesticidas. El futuro de los alimentos que realmente necesitamos involucra suelos saludables y sistemas de cultivo biodiversos.

La tendencia actual consiste en reducir el uso de pesticidas en el control de plagas, en unos casos volviendo a métodos adaptados de la agricultura tradicional, como el control biológico, en otros casos a través del desarrollo de semillas genéticamente modificadas para ser resistentes a plagas específicas. La ingeniería genética ha conseguido insertar el gen de alguna de las más de 200 tipos de proteínas Bt (producida en la naturaleza por una bacteria natural del suelo, Bacillus thuringiensis) en el genoma del cultivo, para crear una resistencia natural al insecto. Cuando la larva del insecto plaga ingiere la bacteria, se activa la proteína Bt en condiciones específicas de pH alcalino en su intestino y lo perfora.

Respecto al futuro de los pesticidas y el control de plagas en la agricultura, es la industria de las grandes empresas las que determinan el camino a seguir. En el informe previamente mencionado, la Relatora Especial sobre el derecho a la alimentación, ofrecía elementos de reflexión y debate.

"El derecho de los agricultores a evaluar tecnologías como los cultivos genéticamente modificados y sopesarlas frente a otras alternativas posibles también se ha pasado por alto en los supuestos de la teoría económica convencional (Daniela Soleri et al., “Testing economic assumptions underlying research on transgenic food crops for third world farmers: evidence from Cuba, Guatemala and Mexico”, Ecological Economics). De hecho, hay quien sostiene que el desarrollo de alternativas se ha visto socavado por el énfasis puesto en la inversión en tecnologías de ingeniería genética (Oye Ka et al., “Biotechnology: regulating gene drives”, Science, vol. 345, núm. 6197, 8 de agosto de 2014)."

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viernes, 16 de febrero de 2018

Consejos para un uso responsable de los pesticidas en agricultura




Son innegables los beneficios económicos que ha generado el uso de plaguicidas para aumentar la productividad de los sistemas agrícolas. Pero cada vez se conocen más los riesgos de la aplicación masiva de esas sustancias tóxicas, para la salud de las personas, para la biodiversidad y el medio ambiente.
De la gran cantidad de pesticidas que se aplican, sólo un pequeño porcentaje alcanza a las plagas de una manera eficiente, cuando éstas son vulnerables al tratamiento. FuturCrop es el único software que te indica en qué fase de desarrollo se encuentra la plaga, para optimizar y reducir el número de tratamientos.


miércoles, 15 de noviembre de 2017

El impacto del Cambio Climático en los pulgones y en el uso de pesticidas






El clima tiene una gran influencia en la aparición de plagas y enfermedades de los cultivos de campo. Las condiciones secas son a menudo favorables a las plagas de insectos y las condiciones de humedad a las enfermedades fúngicas.
  • Una temperatura más alta aumentará la cantidad de generaciones durante la temporada de crecimiento.
  • Un clima más cálido durante el invierno será favorable para las plagas y se verán afectados. Tendrán mayores probabilidades para sobrevivir al invierno, y por lo tanto ser más numerosos en la primavera.
  • Algunas especies de pulgones como Rhopalosiphum padi probablemente sobrevivirán durante el invierno en pastos y cereales de invierno. El trigo de invierno y la cebada de invierno podrá infectarse con el virus del onanismo amarillo de la cebada (BYDV) por ataque de R. Padi.
  • Sitobion avenae también contribuirá a la transmisión de BYDV en cereales de invierno.
  • Actualmente uno de los problemas más importantes en la producción de las hortalizas es debido a las infecciones por virus, muchos transmitidos por pulgones. El virus mosaico del pepino (CMV) por ejemplo, puede ser transmitido por más de 60 especies de pulgones. El virus jaspeado del tabaco tiene como vectores más eficientes el Myzus persicae, Aphis gossypii y Aphis spiraecola.

Los ataques de insectos a los cultivos probablemente aumentarán en el futuro, debido a varias razones.
Los pulgones son muy importantes en muchos países del mundo, no solo por el daño directo, pues se alimentan de las cosechas, sino también por el daño indirecto a través de la capacidad de transmitir varios virus de diferentes cultivos.

Se conocen más de 4000 especies de pulgones en el mundo, y se caracterizan por su elevada capacidad reproductiva, lo que los hace potencialmente muy destructivos. Alrededor de 300 especies de pulgones han sido probados como vectores de 300 diferentes virus en vegetales. Algunas de estas especies probablemente sobrevivirán durante inviernos suaves y la agricultura probablemente experimentará un aumento de los problemas con el daño causado por insectos y enfermedades virales.
La necesidad de insecticidas probablemente aumentará en la mayoría de los cultivos. Los ataques de pulgones y virus en otoño son actualmente limitados, pero el clima futuro provocará grandes cambios. El número de pulgones es relativamente bajo en la actualidad , pues su población está controlada, al menos parcialmente, por sus enemigos naturales. Pero los otoños más suaves y la temperatura más alta en invierno tendrán una gran influencia.

El uso de plaguicidas se ha incrementado considerablemente a lo largo de los últimos 35 años, alcanzando tasas de crecimiento del 4 al 5,4 por ciento en algunas regiones. En los años noventa se apreció una disminución del uso de insecticidas. Su uso se restringe cada vez más mediante leyes e impuestos.

Predecir el ataque de plagas es la manera más eficiente de combatirlas, reduciendo al mismo tiempo el uso de pesticidas y los costes. FuturCrop monitoriza las condiciones de los cultivos sin necesidad de sensores y envía alertas de riesgo de 173 plagas, incluyendo pulgones

Artículos relacionados:
Curiosidades de los pulgones: savia por un tubo, el ataque de los clones, generaciones telescopicas: http://bit.ly/2zYJQkQ
El futuro del control y tratamiento de las plagas agrícolas: http://bit.ly/2zHcZQx
Pesticidas que pierden eficacia, el negocio de los laboratorios y no hay soluciones sencillas: http://bit.ly/2zDH83I

Videos relacionados del canal Youtube de FuturCrop
https://youtu.be/dvtXkS-HXuM
https://youtu.be/V8t6NYJkl4k

martes, 19 de septiembre de 2017

TROFOBIOSIS (A perro flaco, todo son pulgas)

Es conocido que los ácaros fitófagos empezaron a ser una plaga de alta importancia económica a partir de la segunda mitad del siglo XX. Este aumento coincide con el desarrollo y comercialización de la industria de los acaricidas. Sería paradójico que los pesticidas destinados a exterminar los ácaros de los cultivos se hubieran convertido en estimuladores de su desarrollo.
¿Es posible que los pesticidas contribuyan a la proliferación de las plagas?
Actualmente sabemos que el uso de pesticidas no sólo elimina a las plagas, sino también a sus depredadores naturales. Y que la aplicación sistemática de herbicidas puede eliminar especies vegetales que son hospederas de esos enemigos naturales de las plagas. Se rompe el equilibrio biológico plaga/depredador y se depende exclusivamente de la acción de los pesticidas.
Y existe una teoría que considera que los agroquímicos en general dificultan a las plantas la absorción de nutrientes, lo cual es importante en varios sentidos.
En 1969 Francis Chaboussou llegó a la conclusión de que una planta sana tiene muy pocas probabilidades de ser atacada por plagas y enfermedades. Y a su teoría la denominó Trofobiosis. Chaboussou consideraba que una planta sólo será atacada por un patógeno cuando su savia contenga el alimento adecuado para estos patógenos, básicamente aminoácidos libres, que no han llegado a formar proteínas por un déficit de enzimas, azúcares solubles y nitratos. Exponiendo la teoría muy genéricamente, en ciertas circunstancias, la planta o una parte de ella, no puede formar proteínas para crecer, y por tanto tienen una savia que es alimento idóneo para las plagas: cuando se produce una deficiencia nutricional en la planta, cuando se altera el metabolismo y el equilibrio bioquímico de los cultivos mediante pesticidas, fungicidas y herbicidas, o cuando se usan en exceso abonos nitrogenados solubles. 
Desde el punto de vista de la Trofobiosis, las plagas y enfermedades son la consecuencia y no la causa del problema. Y, si bien, tal vez no podamos decir que todas las plantas que sufren ataques de plaga sea una planta enferma, si podemos afirmar que una planta con deficiencias nutricionales es más susceptible al ataque de cualquier patógeno. Existen estudios sobre esa relación entre el desequlibrio de la planta y el ataque de plagas. Como es el caso del ataque de Phytophthora en girasol o de Spodoptera frugiperda en el maíz atacan al cultivo con deficiencia de boro, el hongo Puccinia trictici, ataca al trigo si la planta está con deficiencia de boro y cobre, o  Elasmopalpus lignocellus , que ataca al frijol y el maíz cuando el suelo es deficiente en zinc.
Así pues, las plagas y enfermedades de los cultivos también nos pueden dar pistas sobre las dificultades por las que atraviesan las plantas.


martes, 18 de julio de 2017

Residuos de pesticidas en los alimentos






Es indiscutible que la utilización de pesticidas es necesaria en muchos casos y obligatoria en otros. Pero también lo es que los pesticidas son potencialmente tóxicos para los seres humanos.


En la agricultura intensiva el uso de pesticidas está tan difundido que su presencia residual en productos alimentarios se considera inevitable. Las prácticas agrícolas e industriales que permiten la producción masiva de alimentos se sustentan en el uso generalizado de productos químicos.


Los productores de agroquímicos, conocedores de la posible peligrosidad de los productos tóxicos que producen, hacen referencia al uso seguro, recomendado y autorizado de los pesticidas, determinando que se respeten las instrucciones de uso y los plazos de seguridad entre la aplicación del pesticida y la recolección. Pagan a los laboratorios independientes que establecen esas recomendaciones.


La mayoría de los estudios sobre los efectos de los pesticidas en la salud de las personas se han realizado sobre trabajadores agrícolas y manipuladores de agroquímicos. Pero la realidad es que todos estamos expuestos a un cóctel de pesticidas a través de la ingesta de comida. Pero la determinación de las consecuencias de los pesticidas en la alimentación es difícil de evaluar, porque la mayor parte de las personas están expuestas, por otras vías, a otros muchos productos químicos.

¿Cuales son los efectos de los residuos de los pesticidas en la salud? A veces, el todo es mayor que la suma de sus partes.


Como se considera que el uso de los pesticidas ya está generalizado en el actual sistema de producción de alimentos, una vez conocidos los daños que cada pesticida puede causar, los organismos reguladores tratan de delimitar sus riesgos a través de la determinación del nivel seguro de la ingesta de cada pesticidas. La Comisión del Codex Alimentarius (organismo dependiente de FAO y OMS), establece los límites máximos de residuos (LMR) de pesticidas en los alimentos.


Pero hay varios problemas con esta regulación del riesgo a través de los LMR. Lógicamente, los criterios para determinar los LMR son resultado de los efectos de los pesticidas en ensayos realizados en ratas de laboratorio. El procedimiento consiste en estimar la cantidad diaria máxima que las ratas de laboratorio podrían consumir sin que resultase nocivo a lo largo de su vida. Los resultados se extrapolan considerando que los humanos tienen una vida media y peso superiores. Y, para mayor seguridad, formulan un factor de seguridad, que fija el valor máximo admisible en 100 veces menos que el nivel sin efecto.



El límite ingesta máxima de residuos de pesticidas en una rata de laboratorio se extrapola al peso y la esperanza de vida de un adulto humano.

En esa extrapolación de la rata al adulto humano, los LMR están determinados respecto al peso corporal de un adulto. Por tanto los niños consumen niveles relativos mucho mayores del pesticida. Las actuales Directivas de la Unión Europea para alimentos de bebés determinan estrictos LMR. El problema es que este grupo de la población no está protegido al mismo nivel cuando consume fruta fresca y verduras.


El Límite Máximo de Residuos de pesticidas en frutas y verduras frescas no tiene en cuenta las diferencias de peso entre adultos y bebés.

Los adultos tampoco están realmente libres de riesgo con la determinación de unos límites máximos de residuos de sustancias tóxicas en los alimentos. Nuestra exposición combinada a plaguicidas en alimentos frescos, en alimentos procesados, en el medioambiente o en el agua, no está siendo considerado a la hora de establecer LMRs. Los pesticidas se acumulan en el organismo, de modo que exposiciones pequeñas pero continuas pueden resultar finalmente en una acumulación notable. Y, en realidad, nadie realmente ha tenido en cuenta el efecto sobre la salud de la exposición a pequeñas dosis de pesticidas de forma prolongada.
El ser humano está expuesto a múltiples agentes químicos, concentraciones de contaminantes tóxicos persistentes que no teníamos cuando nacimos: DDT, PCBs, dioxinas, hexaclorobenceno y otros

Hay otro hecho inquietante en este asunto. En los años 60 la sociedad occidental se empezó a concienciar del potencial nocivo y en muchos casos cancerígeno del DDT. Se prohibió en muchos países a finales de la década, en EEUU en 1972 y en 1977 en España. Es decir, puede pasar mucho tiempo entre que se constata el efecto nocivo de una sustancia hasta que se prohibe o limita su uso. El DDT continúa siendo legal en la India. Y nadie puede negar que gracias al DDT se erradicó la malaria en Europa y en otros lugares del mundo.


Finalmente, respecto a la presencia de residuos de pesticidas en los alimentos, es cierto que la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), y otros organismos públicos, analizan  periódicamente muestras de alimentos para determinar si los residuos de pesticidas están dentro de los límites máximos de residuos (LMR). Y que en los últimos años un porcentaje muy bajo de alimentos contienen restos de pesticidas. De ese modo, el organismo europeo, y otros organismos públicos, concluyen que los residuos químicos no suponen un riesgo para la salud de los consumidores.


Con FuturCrop hemos desarrollado una herramienta informática que facilita a los agricultores un uso moderado y eficaz de los pesticidas. Porque conociendo el desarrollo de la plaga se podrán realizar los tratamientos conforme a la necesidad.

futurcrop.com

martes, 2 de mayo de 2017

Tragedias en la fabricación de pesticidas







La tragedia de Anaversa. El 3 mayo de 1991, en la fábrica de fertilizantes y pesticidas de Agricultura Nacional de Veracruz, SA (Anaversa), Mexico, se produjo un incendio y  derrame de miles de litros de parafino metílico, paraquat, pentaclorofeno, y 2.4D.  Pesticidas altamente tóxicos e ilegales ya entonces en USA, Canadá y Europa. El número de personas muertas es tema de desacuerdo, y los centenares de afectados. 
No se reconocieron víctimas de la tragedia. 
Y claro, la lógica establece entonces que, si no hubo damnificado, no existieron tratamientos ni indemnizaciones.

Unos años antes, en 1984 en la fábrica de pesticidas de Unión Carbide en Bhopal, se produjo una fuga de isocianato de metilo y una explosión. También se discute el número de muertos y afectados. Se da por segura la cifra de 30.000 seres humanos muertos y cientos de miles de afectados. 8 directivos de la empresa fueron condenados a 2 años de prisión y el pago de 8.900 euros.

En 2001 Union Carbide se convirtió en filial de Dow Chemical Company

Pero aún hubo alguna tragedia más:

En el pueblo suizo de Shwerzehalle, en un accidente 1986, en la fábrica de Sandoz chemical se vertieron unas 30 toneladas de pesticidas en el río Rin.

En 2001, en Toloususe,  Francia,  en la fábrica de fertilizantes AZF, perteneciente a Total, explotaron 300 toneladas de nitrato de amotino, con el resultado de 30 muertos y 2.500 heridos.








Podrás utilizar menos pesticidas, porque futurcrop te avisa de los riesgos de plagas de tus cultivos. 




miércoles, 22 de marzo de 2017

¿Pensando en hacer otro tratamiento preventivo para el control de plagas?

El consumo mundial de plaguicidas se estima en torno a los 59.000 mil millones de dólares para el año  2016, de los cuales el 50% corresponde a los países desarrollados de Europa y America del Norte.





La Industria de los plaguicidas está formada por unas pocas multinacionales que hacen la síntesis de los productos activos, y un gran número de industrias formuladoras que preparan los productos para su aplicación en el campo (emulsiones, polvos para suspender en agua, polvos para espolvoreo en seco, gránulos, etc.)

La Industria de los plaguicidas es muy competitiva. La aparición, en las plagas, de razas resistentes a un producto hace necesario el desarrollo de otros nuevos productos. Y la aparición de un nuevo producto desplaza comercialmente a otro establecido. El antiguo producto ya no tiene prácticamente efecto, y el nuevo producto ha tenido unos altos costes de inversión que es preciso amortizar mediante una comercialización agresiva.
Las marcas son las grandes interesadas en potenciar su consumo y utilización repetida y persistente. Es una cuestión de beneficio,  no la última alternativa, utilizada de modo racional y eficiente.


Este uso masivo de plaguicidas ha dado lugar indudablemente a residuos nocivos en alimentos y contaminación progresiva del medio ambiente.

Según su toxicidad los plaguicidas se clasifican en tres clases. Y evidentemente, por su toxicidad, se exige un intervalo mínimo de tiempo entre la última aplicación y la recolección.

Esta carrera hacia la protección química de los alimentos comenzó con el que es el plaguicida orgánico más antiguo, el DDT (diclorodifeniltricloroetano) que fue sintetizado por Müller en 1939, por lo que recibió el Premio Nobel en 1948. Su uso permitió combatir grandes epidemias (tifus transmitido por los piojos y malaria post mosquitos). Actualmente su uso está restringido debido a que su elevada persistencia causa graves daños ecológicos.
 
Podemos clasificar los plaguicidas según el tipo de plaga o por su estructura química. Así tenemos
  • Insecticidas organofosforados, que suman 58 productos distintos,
  • Las glicinas, básicamente el glifosato.

Una de las principales ventajas de clasificar a los plaguicidas según su estructura química es que nos permite identificar sustancias que suelen tener similares efectos en las plagas y el ambiente. Combinar plaguicidas con diferentes compuestos permite reducir la posibilidad de tener insectos resistentes al plagicida.

Los plaguicidas se clasifican en insecticidas, herbicidas, fungicidas, acaricidas y nematicidas.
Si analizamos los plaguicidas por su toxicidad, todos los plaguicidas son o pueden ser tóxicos a corto plazo para el ser humano y los animales, pero lo son en distintos grados y la toxicidad aparece por encima de ciertos umbrales. Importan la dosis y el tiempo de exposición.

Hay plaguicidas cuya acción afecta no sólo a las plagas, sino también a procesos biológicos de los humanos. Tal es el caso de los insecticidas neurotóxicos que actúan sobre la transmisión del impulso nervioso, común a insectos y personas. De esa categoría son los insecticidas organoclorados, organofosforados, carbamatos, piretroides y nicotinoides

Otros plaguicidas muy tóxicos son los rodenticidas, en su gran mayoría anticoagulantes

Los plaguicidas con mayor riesgo para la salud humana representan aproximadamente un 15%. Únicamente un 30% no ofrece peligro
Además de la toxicidad en el corto plazo, existe otra toxicidad, cuyos síntomas se presentan luego de una exposición a pequeñas dosis a lo largo de mucho tiempo. Sus daños son más difíciles de evaluar.
Los plaguicidas tienen también un efecto medioambiental. Efectivamente, la mayoría de los carbamatos tienen una toxicidad baja a moderada en los mamíferos. Sin embargo, las abejas son muy sensibles a la presencia de carbamatos. Los científicos investigan desde hace años la desaparición de las abejas. Y no sólo los carbamatos influyen en las abejas. Dos recientes estudios publicados en la revista Science señalan que el uso extendido de los insecticidas neonicotinoides han afectado de forma negativa a las colonias de las abejas.

Y claro, las abejas se encargan de la polinización de las plantas