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jueves, 27 de septiembre de 2018

Insecticidas que lo mismo matan plagas agrícolas que piojos



Plaguicida es un término intencionadamente equívoco si se pretende designar las sustancias químicas destinadas a eliminar las plagas, porque los insecticidas en general no distinguen los ectoparásitos en su acción, no diferencia y eliminan exclusivamente los organismos nocivos. Del mismo modo que los pediculicidas no son agentes químicos que matan piojos, pues tampoco distinguen los agentes nocivos cuando actúan. De hecho, durante décadas las mismas sustancias químicas han sido utilizadas indistintamente como plaguicidas o pediculicidas. Porque, en esencia, lo que los distingue es la dosis, el cómo y el dónde se aplican. Los términos plaguicida y pediculicida tienen la misma intención eufemística, no matan plagas o piojos sino que matan insectos, y más propio sería denominar a dichas sustancias como biocidas.
La lucha contra los agentes nocivos en la agricultura utilizando únicamente insecticidas químicos se ha demostrado insuficiente, pues éstos desarrollan resistencias en los insectos a las materias activas insecticidas, y condena el control de plagas en la agricultura al aumento de su consumo. De hecho, en los últimos años el consumo mundial de pesticidas en la agricultura ha aumentado (Gráfico I), pese a lo cual la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación) estima que aproximadamente el 40% de la producción agrícola mundial se pierde debido a plagas y enfermedades.


Gráfico I -  consumo mundial de pesticidas, Fuente Faostat, Fao

Y de igual modo en pleno siglo XXI las infestaciones por piojos de la cabeza son muy frecuentes debido, entre otros motivos, al aumento de las resistencias a los insecticidas clásicos.
La utilización de insecticidas, plaguicidas y pediculicidas, no es suficiente en la lucha contra las plagas. Porque el uso indiscriminado y repetido de los insecticidas químicos no hace sino agravar el problema de las plagas. En la lucha contra las infestaciones de piojos son fundamentales las medidas de prevención y el conocimiento sobre su comportamiento. Y lo mismo sucede en la agricultura, pues es fundamental tener información sobre el comportamiento y el estado de desarrollo de las plagas, de modo que se pueda reducir a lo imprescindible el uso de insecticidas químicos. Por ese motivo hemos desarrollado FuturCrop, un sistema de avisos de riesgo y sistema automatizado de información del desarrollo de 179 plagas y 8 enfermedades agrícolas que sirve de apoyo en la toma de decisiones, permite la reducción de fitosanitarios y facilita la aplicación de técnicas alternativas en la Gestión Integrada de Plagas.
La historia de los tratamientos plaguicidas y pediculicidas, es decir la lucha contra las plagas en los cultivos y contra los piojos en los seres humanos, ha evolucionado de manera similar, porque en realidad se trata de aplicar las mismas materias activas. La diferencia está en que su aplicación en la agricultura puede producir graves efectos en la salud humana y el medioambiente.
La era de los insecticidas organoclorados
El DDT (Dicloro Difenil Tricloroetano), un insecticida organocolorado fue utilizado intensamente durante gran parte del siglo XX como plaguicida en la agricultura, para combatir enfermedades como la malaria, y fue utilizado también para eliminar los piojos. A partir del año 2005, tras la prohibición del DDT en el Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes, otros plaguicidas organoclorados, como el lindano o el metoxiclor, lo sustituyeron en la lucha contra las plagas agrícolas y contra los piojos. El lindano, un derivado del benzeno que actúa de forma muy tóxica sobre el sistema nervioso si se absorbe a través de la piel, se utilizó durante años como pediculicida y contra la sarna (causada por un ácaro parásito). También fue un insecticida ampliamente utilizado en la agricultura hasta 1991. Actualmente el uso de productos basados en Lindano están  totalmente prohibidos.
Los insecticidas organofosforados
Muchos insecticidas organoclorados tienen prohibida su producción, comercialización y uso. Tal es el caso del dicofol, heptacloro, clordano, endrina, mirex, pentaclorofenol, etc que fueron insecticidas ampliamente utilizados para combatir las plagas del maíz, algodón, tabaco y otros cultivos. La prohibición de los organoclorados llevó al desarrollo de los plaguicidas organofosforados, que actúan interfiriendo en la transmisión de los impulsos nerviosos. El malation es uno de los insecticidas de más amplio espectro, que inhibe la enzima colinesteresa del insecto, y es usado tanto como insecticida agrícola como pediculicida. Se trata de un insecticida que puede tener efectos en la salud humana, pero como las dosis que son letales para insectos no lo son para los humanos, es ampliamente utilizado en agricultura (aunque las dosis tóxicas son establecidas de modo individual y no existen estudios sobre su efecto acumulativo).
Neonicotinoides y piretrinas.
Tras años de aplicar productos químicos con la misma materia activa en los alimentos y las cabezas de los seres humanos, sin determinar seriamente su toxicidad en el ser humano y su efecto sobre el medioambiente, el mercado y la legislación empezaron a demandar otro tipo de productos insecticidas. Y las empresas aprovecharon las propiedades insecticidas de ciertas plantas como el tabaco o las flores del piretro. Se desarrollaron los neonicotinoides, como por ejemplo el Imidacloprid, que se usaron ampliamente en la agricultura. Sin embargo, como antes se aprueban y comercializan los productos que se evalúa su incidencia en el medioambiente o la salud, actualmente los neonicotinoides están siendo restringidos en varios países debido a una posible conexión con la mortalidad de las abejas. Similar insecticida es la permetrina, un plaguicida de amplio espectro y muy utilizado en agricultura, con poca toxicidad para los mamíferos (excepto los gatos). Sin embargo, los productos que contienen esta sustancia sueles utilizar el butóxido de piperonil como inhibidor de las enzimas que actúan en la detoxificación, con el fin de potenciar la acción del insecticida. Y este sinérgico de plaguicidas es considerada por algunos científicos como causante de cáncer en humanos.
Como pediculicida, la permetrina también tiene su función, porque la mayor parte de los champús antipiojos contienen esta sustancia insecticida, aunque en dosis muy bajas. Y es que, como comentábamos inicialmente, la permetrina no es un plaguicida o un pediculicida, sino un biocida, y su función es la de matar insectos indiscriminadamente, sin diferenciar los parásitos de otros insectos.
Para disminuir su incidencia en la salud y el medioambiente, y para mejorar su eficacia, el uso de insecticidas químicos tiene que combinarse con otros medios alternativos de lucha contra las plagas y, sobre todo, tienen que aplicarse en el momento de desarrollo de la plaga en que sean más eficientes.
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martes, 3 de julio de 2018

La transferencia de conocimiento científico y las nuevas tecnologías en la agricultura



La transferencia de conocimiento científico y las nuevas tecnologías en la agricultura: Convenio de colaboración con sindicato agrícola para el uso de un software de avisos de riesgo y control de plagas.

Este acuerdo facilita a los miembros del sindicato agrario el uso del programa, que les permitirá aumentar la producción, ahorrar en fitosanitarios y respetar el medio ambiente

Racionalizar el uso de los tratamientos fitosanitarios, además de ser una importante mejora de carácter medioambiental y de sostenibilidad, permite al agricultor disminuir considerablemente el coste de los tratamientos contra las plagas. Dado que el coste medio de tratamientos en fruta de semilla es de 1.200 euros/ha y de 1.600 euros/ha en fruta de hueso, la correcta gestión de los productos fitosanitarios y de control biológico mediante FuturCrop podría suponer un ahorro superior al 30%, es decir más de 25 millones de euros para la totalidad del área de cultivo de los frutales de Lleida.

Actualmente, los agricultores encuentran muchos problemas al manejar sus cultivos de manzana, pera, melocotón y nectarina, puesto que estos están sujetos a muchos factores impredecibles que pueden causar pérdidas en las cosechas: plagas, condiciones meteorológicas adversas, etc. Los agricultores de Lleida tienen que luchar cada temporada contra la grafolita, la mosca de la fruta, la psila del peral, trips y pulgones, entre otras especies. Los costes de los agroquímicos se incrementan día tras día, y ya no son tan efectivos, debido a un incremento de la resistencia a estos productos por parte de las plagas. Además, se presiona al agricultor para producir con muy poco o cero cantidad de residuos químicos. Y los precios en el mercado permanecen bajos, debido al alza en la competencia doméstica y extranjera.

Para adaptarse y tener éxito en este panorama, los agricultores tienen a su alcance nuevas herramientas como FuturCrop que les permitan desarrollar explotaciones agrícolas sostenibles y rentables.

www.futurcrop.com

Cuando una plaga elimina la rentabilidad de la producción de maíz

Cada año se repite la misma situación: infestaciones incontroladas de gusano cogollero  (Spodoptera frugiperda) atacando los cultivos de maíz de América del Sur y Centroamérica: México, Bolivia, Ecuador, Argentina, etc, en grandes extensiones de cultivo y ocasionando enormes pérdidas en los productores.
Los ataques del gusano cogollero son endémicos en aquellas zonas en que la climatología es favorable para su desarrollo, temperaturas superiores a 25ºC y una humedad relativa menor al 60%. La falta de lluvias también favorecen su rápido desarrollo. Y los tratamientos contra las plagas agrícolas, preventivos o fijos por fechas de calendario, tienen muy poca eficacia y favorecen la resistencia de las plagas a los insecticidas químicos.
PÉRDIDA DEL RENDIMIENTO DE LAS COSECHAS
Si tenemos un rendimiento promedio en maíz mecanizado de 5tm/ha, las pérdidas que puede ocasionar el gusano cogollero pueden llegar al 40 % , es decir pérdidas aproximadas de $USD 416 por hectárea, a un precio promedio 2018. En regiones tropicales y subtropicales los daños regularmente son superiores a 60%. En grandes extensiones, como las que estamos hablando, supone pérdidas de cientos de miles de millones de $USD.
INCREMENTO EN EL USO DE PESTICIDAS
Si en condiciones normales, se pueden hacer 2 o 3 aplicaciones por temporada, con un coste $USD 109/TM, un ataque de la plaga puede llegar a aumentarlas a 5 o 7, aumentando su coste a $USD 211/TM. De hecho puede llegar a necesitarse  hasta 10 aplicaciones para controlar la plaga. Y el coste del tratamiento puede llegar a superar el precio de venta de la propia cosecha.
Las pérdidas de cosecha y el incremento en el consumo de pesticidas se repiten anualmente, con continuo endeudamiento del productor.
Sin embargo los ataques de esta plaga se pueden controlar sin inconvenientes, siempre que las acciones de monitoreo y tratamientos se realicen en su momento oportuno. Porque la mayoría de los  tratamiento se realizan tardíamente, cuando la larva ya se encuentra dentro del cogollo o de la espiga, según el desarrollo de la planta.

¿CÓMO DETERMINAR EL MOMENTO ÓPTIMO DE CONTROL Y TRATAMIENTO?

El momento óptimo de control y tratamiento es aquel que sucede antes de que la larva se desarrolle más de 1,5 cm (es decir, el tercer instar larvario) ya que a partir de ese tamaño las larvas se alojan en el cogollo o en la espiga, dependiendo del momento del cultivo, di­ficultando su control al no ser alcanzadas por el pesticida.

Instar L1 (recién)

Instar L1

Instar L2

Evolución instar L2

Instar L3

Evolución instar L3


En términos generales, el período larvario del gusano cogollero dura un promedio de 14-22 días, pasando generalmente por seis o siete instars larvarios. El ciclo completo (de huevo a adulto) dura aproximadamente entre 24 y 40 días. Pero no todos los años se producen los cambios en su desarrollo en las mismas fechas porque evidentemente las condiciones climatológicas que afectan a su desarrollo varían anualmente. Habitualmente las larvas pasan inadvertidas hasta que alcanzan 20 a 25 mm, cuando son detectadas por los daños que causan, que suele ser en el sexto instar larvario.

Para el adecuado control de la plaga no se trata de repetir tratamientos, o de cambiar de producto químico, sino de tener la capacidad de determinar el cuándo.

FuturCrop es un software que utiliza la relación existente entre las condiciones climatológicas y el desarrollo de la plaga, para calcular la fecha en que se producen los cambios en su ciclo biológico. FuturCrop calcula y predice las fechas en las que el gusano cogollero alcanza los estados de oviposición, eclosión de huevos, los 6 instar larvarios, pupas y adultos.

El control de la plaga es posible, simplemente conociendo los mecanismos de la naturaleza, automatizando la recogida de datos, calculando las fechas de los eventos y avisando al productor para que pueda tomar las decisiones adecuadas.

Nota: Las multinacionales fabricantes de insecticidas químicos están cambiando la estrategia de sus campañas de ventas. Sus campañas de comunicación hablan ahora del actual/futuro en el control de plagas del maíz, eliminando los pesticidas en la agricultura mediante la comercialización de semillas genéticamente modificadas. Como ya poseen su propiedad intelectual, les queda apropiarse del germoplasma del maíz.


jueves, 29 de marzo de 2018

La identificación de las plagas por los daños en los cultivos

Frecuentemente, cuando no se realiza un monitoreo regular, o cuando no se utiliza una herramienta
que controla automáticamente las condiciones de desarrollo de las plagas, como FuturCrop, suele
detectarse antes el daño causado sobre los cultivos que la propia plaga. Se descubren los daños
causados en la planta (hojas, tallos, raíz, flor o fruto) o los residuos que dejan las plagas cerca del
lugar donde se alimentaron (en forma de melazas, gránulos, material parecido al serrín o excrementos
oscuros húmedos). También podemos observar que las plantas están poco desarrolladas y no crecen
adecuadamente, que tienen hojas deformes o dañadas, se ven amarillas o de un color verde ligero,
o simplemente que se ven marchitas y caídas

Los efectos de la acción de las plagas al alimentarse es un buen indicio de la presencia de plagas
en los cultivos. Y tener un adecuado conocimiento de las diferentes formas en que los insectos se
alimentan de las plantas ayuda a identificar la plaga y a desarrollar controles y estrategias para su
control.


De hecho, los insectos de cada grupo tienen patrones de daño característicos que ayudarán a identificar
al causante del daño y, por consiguiente, acertar con su tratamiento adecuado.

De manera general, según los hábitos alimenticios de los insectos, suele ser habitual agruparlos en
masticadores, chupadores, minadores y barrenadores.


Las plagas de insectos masticadores poseen mandíbulas y maxilas con las que trituran los
tejidos vegetales. A este grupo pertenecen las larvas de algunos lepidópteros (orugas) y los adultos y
larvas de coleópteros (escarabajos), los ortópteros (grillos, chapulines y langostas) y los himenópteros
(hormigas). Como consecuencia de su acción alimenticia, a menudo se ven señales de daños causados
por estos insectos en los márgenes foliares rotos o desiguales y en las hoja, de las que quedó su
esqueleto, o en las hojas minadas.


Escarabajo de la patata
Trips
Lymantria dispar
Hormigas


Entre este grupo de insecto están los minadores de hoja, que actualmente causan graves daños a
los cultivos. La plaga de minadores suele combinar varios tipos de acción sobre los cultivos pues las
hembras adultas agujerean el haz de las hojas para extraer la savia de la planta. Y su larva excava
galerías o túneles en las hojas. El insecto plaga se desarrolla en el interior de las hojas, en el mesófiolo  
(es decir, el tejido que se encuentra entre las epidermis del haz y del envés de las hojas), alimentándose
del parénquima foliar, provocando daños en la estructura de las plantas, al realizar galerías o minas
que posteriormente se necrosan. Destroza sus tejidos celulares, disminuye su capacidad fotosintética,
reduce el crecimiento de las plantas, llegando a dificultar o impedir la maduración de los frutos.


Hay cuatro especies de minadores de hoja que son muy comunes y afectan gravemente a las hortalizas:
el minador del tomate (Liriomyza bryoniae), el minador americano (Liriomyza trifolii), el minador
sudamericano del guisante (Liriomyza huidobrensis) y el minador de hojas (Liriomyza strigata).
Dichas plagas se han constituido en un problema creciente en la agricultura. En condiciones normales,
las larvas de estas especies eran parasitadas por sus numerosos enemigos naturales. Pero los
problemas con los minadores de hoja se han incrementado como resultado del uso de pesticidas de
amplio espectro, a consecuencia de los cuales los enemigos naturales mueren, y a la resistencia de
los minadores a esos insecticidas , como consecuencia de la presión evolutiva. Además, dado que se
alojan dentro de los tejidos vegetales, muchas veces los pesticidas no logran hacer su efecto.


Los minadores de hoja son una plaga polífaga y ocasiona daños tanto en cultivos hortícolas como en
plantas ornamentales. Las larvas de ciertas polillas nocturnas (Lepidópteros) son plagas minadoras
muy destructivas, como es el caso de la polilla del tomate (Tuta absoluta), que se alimenta de la hoja,
pero también ataca al tallo y a los brotes apicales. De hecho, al acabar la plaga con los brotes, el
crecimiento de la planta se detiene, bloqueando sus ritmos biológicos como la formación de flores y
frutos.


Daño de los minadores de hoja
Lyromiza
Lyromiza
Pupa de Liromyza
Tuta absoluta

Los insectos chupadores tienen un tipo de trompa o pico (probóscide), y lo usan a modo de estilete
para penetrar en los tejidos vegetales (brotes, ramas, flores o frutos), succionando los fluidos de las
plantas. Además de los daños que causan al perforar la planta, pueden transmitir distintos tipos de virus
que ya traen de otras plantas, o facilitan la entrada de otros patógenos y microorganismos. A menudo,
la decoloración, marchitamiento o manchas foliares, la presencia de mielato (sustancia algunos insectos
que se alimentan de savia, como los pulgones y algunas cochinillas) o la falta general de vigor en la
planta son síntomas del daño causado por este tipo de plagas.. Estos insectos pueden atacar al cultivo
incluso, desde que la planta está emergiendo. Generalmente los chupadores viven en congregaciones,
por ello, es posible encontrar en las ramillas los diferentes estados de su ciclo de vida. En general, los
insectos chupadores son muy difíciles de controlar y pueden generar fácilmente fenómenos de
resistencia a las sustancias que se utilizan para combatirlos.


En esta categoría, por los daños causados en las plantas y por la gravedad que están adquiriendo
como plagas, destacan los áfidos o pulgones, el piojo de San José, ácaros, trips y la mosca blanca,


Pulgones
Piojo de San José
Ácaros
Trips
Mosca blanca


 

Los pulgones prefieren los tejidos tiernos de las plantas, por esa razón se encuentran preferentemente en los brotes nuevos de hojas y en los botones florales. Su acción sobre la planta favorece la aparición de la fumagina, también conocido como negrilla,  (una patología de las plantas producida por el desarrollo de un hongo que se desarrolla sobre un sustrato glúcido presente en la superficie de los vegetales, en este caso la melaza secretada por los pulgones). La fumagina interfiere con la fotosíntesis,reduce el vigor de la planta y puede producir el manchado de frutos. Los daños más serios se producen cuando los cultivos son jóvenes. En las plantas adultas provoca una reducción del rendimiento y la producción.


Daños causados por pulgones


El piojo de San José, también llamado cochinilla perniciosa o caspilla, ataca a los frutales de hueso
y pepita. Se fija en forma de colonias de escudos, sobre ramas, hojas y frutos. Se alimenta succionando
la savia, provocando un debilitamiento del árbol y una reducción de la cosecha. Cuando se actúa sobre
el fruto, éste se devalúa comercialmente pues produce unas manchas rojas sobre la piel, marcando la
zona en la que se ha fijado la cochinilla.


Daños causados por Piojo de San José


Los daños causados por los ácaros consisten fundamentalmente en lesiones en la epidermis de las
hojas (inicialmente por el envés) y absorción de la savia. Los ácaros se alimentan sobre todo de la
base de la hoja, cerca del pecíolo, debido a lo cual la hoja se vuelve marrón y sus bordes se enrollan.
O bien aparecen manchas amarillentas, producidas por la desecación de los tejidos. Y, en ocasiones,
las zonas afectadas se decoloran y posteriormente se necrosan. También puede atacar a los frutos que,
sin llegar a secarse, se deprecian en su valor comercial. Debido a su alimentación, los ácaros pueden
provocar una disminución de la superficie foliar, lo cual implica una disminución de la fotosíntesis.
Cuando las poblaciones son muy elevadas se produce un retraso en el crecimiento de la planta y
disminución de la producción, pudiendo pudiendo originarse la defoliación y posterior muerte de la
planta.


Daños causados por ácaros


La alimentación de los trips, perforando y succionando la superficie de las hojas provoca, manchas
amarillentas, blancas o plateadas. También es posible observar manchas negras que son residuos,
los excrementos de estos insectos. La plaga puede provocar daños estéticos a los frutos, en forma
de manchas cobrizas o amarillentas, puede reducir la producción de la planta y, con grandes niveles
de infestación, las hojas pueden secarse. Además los trips son el vector más importante del virus del
bronceado del tomate (TSWV). Transmiten también el virus del mosaico del tabaco (TMV).


Daños causados por Trips


La mosca blanca, como gran parte de las plagas chupadoras de la savia de las plantas, interfiere con
las labores de fotosíntesis de los cultivos, y puede causar daños indirectos, a partir de las picaduras
para su alimentación, mediante la transmisión de diversos tipos de virus  (como la hoja arrugada de la
calabaza, el amarillamiento de las curcubitáceas, o la hoja plateada de la calabaza, etc). Además, la
mosca blanca también segrega una sustancia, que interfieren o impiden el proceso de fotosíntesis de
la planta y favorece el desarrollo del hongo causante de la fumagina. Como consecuencia de la acción
de la mosca blanca, es frecuente el amarilleamiento de las hojas, el debilitamiento de la planta y la
formación de frutos de baja calidad.


Daños causados por Mosca blanca


La característica principal de los insectos barrenadores es que estas plagas penetran en las plantas,
perforan el tallo de la planta o minan túneles angostos dentro de la hoja, el fruto y la raíz. Suelen atacar
a ejemplares débiles, con falta de nutrientes. Entre estos insectos están las larvas de los algunas
moscas (Dípteros),  orugas (Lepidópteros) y de escarabajos (Coleópteros).


Las larvas de determinados escarabajos causan graves daños forestales, barrenando troncos y ramas
de árboles. Es el caso de los crisomélidos, escarabajos defoliadores, como el la galeruca del olmo
(Xanthogaleruca luteola), o los gorgojos (Curculionidae spp.), como el picudo rojo, cuya larva se
alimenta en el interior de cocoteros y palmeras llegando a causarles la muerte. Las larvas de los
insectos barrenadores se alimentan bajo la corteza del árbol.


En los cultivos las larvas se alimentan barrenado en raíces, tallos y frutos. Es el caso de varias larvas
de lepidópteros, como el barrenador del fruto (Strymon basilide), que causa graves daños a la piña, el
barrenador del maíz Ostrinia nubilalis), Gusano elotero (Helicoverpa zea), etc Gusano cogollero
(Spodoptera frugiperda), etc


Los barrenadores se suelen detectar porque en el exterior de la corteza aparece serrín de las
perforaciones, o porque se ven ramas secas sin motivo aparente.


Helicoverpa armigera
Agrotis, gusano de alambre
Gusano cogollero
Escarabajo de la patata

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