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jueves, 27 de septiembre de 2018

Insecticidas que lo mismo matan plagas agrícolas que piojos



Plaguicida es un término intencionadamente equívoco si se pretende designar las sustancias químicas destinadas a eliminar las plagas, porque los insecticidas en general no distinguen los ectoparásitos en su acción, no diferencia y eliminan exclusivamente los organismos nocivos. Del mismo modo que los pediculicidas no son agentes químicos que matan piojos, pues tampoco distinguen los agentes nocivos cuando actúan. De hecho, durante décadas las mismas sustancias químicas han sido utilizadas indistintamente como plaguicidas o pediculicidas. Porque, en esencia, lo que los distingue es la dosis, el cómo y el dónde se aplican. Los términos plaguicida y pediculicida tienen la misma intención eufemística, no matan plagas o piojos sino que matan insectos, y más propio sería denominar a dichas sustancias como biocidas.
La lucha contra los agentes nocivos en la agricultura utilizando únicamente insecticidas químicos se ha demostrado insuficiente, pues éstos desarrollan resistencias en los insectos a las materias activas insecticidas, y condena el control de plagas en la agricultura al aumento de su consumo. De hecho, en los últimos años el consumo mundial de pesticidas en la agricultura ha aumentado (Gráfico I), pese a lo cual la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación) estima que aproximadamente el 40% de la producción agrícola mundial se pierde debido a plagas y enfermedades.


Gráfico I -  consumo mundial de pesticidas, Fuente Faostat, Fao

Y de igual modo en pleno siglo XXI las infestaciones por piojos de la cabeza son muy frecuentes debido, entre otros motivos, al aumento de las resistencias a los insecticidas clásicos.
La utilización de insecticidas, plaguicidas y pediculicidas, no es suficiente en la lucha contra las plagas. Porque el uso indiscriminado y repetido de los insecticidas químicos no hace sino agravar el problema de las plagas. En la lucha contra las infestaciones de piojos son fundamentales las medidas de prevención y el conocimiento sobre su comportamiento. Y lo mismo sucede en la agricultura, pues es fundamental tener información sobre el comportamiento y el estado de desarrollo de las plagas, de modo que se pueda reducir a lo imprescindible el uso de insecticidas químicos. Por ese motivo hemos desarrollado FuturCrop, un sistema de avisos de riesgo y sistema automatizado de información del desarrollo de 179 plagas y 8 enfermedades agrícolas que sirve de apoyo en la toma de decisiones, permite la reducción de fitosanitarios y facilita la aplicación de técnicas alternativas en la Gestión Integrada de Plagas.
La historia de los tratamientos plaguicidas y pediculicidas, es decir la lucha contra las plagas en los cultivos y contra los piojos en los seres humanos, ha evolucionado de manera similar, porque en realidad se trata de aplicar las mismas materias activas. La diferencia está en que su aplicación en la agricultura puede producir graves efectos en la salud humana y el medioambiente.
La era de los insecticidas organoclorados
El DDT (Dicloro Difenil Tricloroetano), un insecticida organocolorado fue utilizado intensamente durante gran parte del siglo XX como plaguicida en la agricultura, para combatir enfermedades como la malaria, y fue utilizado también para eliminar los piojos. A partir del año 2005, tras la prohibición del DDT en el Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes, otros plaguicidas organoclorados, como el lindano o el metoxiclor, lo sustituyeron en la lucha contra las plagas agrícolas y contra los piojos. El lindano, un derivado del benzeno que actúa de forma muy tóxica sobre el sistema nervioso si se absorbe a través de la piel, se utilizó durante años como pediculicida y contra la sarna (causada por un ácaro parásito). También fue un insecticida ampliamente utilizado en la agricultura hasta 1991. Actualmente el uso de productos basados en Lindano están  totalmente prohibidos.
Los insecticidas organofosforados
Muchos insecticidas organoclorados tienen prohibida su producción, comercialización y uso. Tal es el caso del dicofol, heptacloro, clordano, endrina, mirex, pentaclorofenol, etc que fueron insecticidas ampliamente utilizados para combatir las plagas del maíz, algodón, tabaco y otros cultivos. La prohibición de los organoclorados llevó al desarrollo de los plaguicidas organofosforados, que actúan interfiriendo en la transmisión de los impulsos nerviosos. El malation es uno de los insecticidas de más amplio espectro, que inhibe la enzima colinesteresa del insecto, y es usado tanto como insecticida agrícola como pediculicida. Se trata de un insecticida que puede tener efectos en la salud humana, pero como las dosis que son letales para insectos no lo son para los humanos, es ampliamente utilizado en agricultura (aunque las dosis tóxicas son establecidas de modo individual y no existen estudios sobre su efecto acumulativo).
Neonicotinoides y piretrinas.
Tras años de aplicar productos químicos con la misma materia activa en los alimentos y las cabezas de los seres humanos, sin determinar seriamente su toxicidad en el ser humano y su efecto sobre el medioambiente, el mercado y la legislación empezaron a demandar otro tipo de productos insecticidas. Y las empresas aprovecharon las propiedades insecticidas de ciertas plantas como el tabaco o las flores del piretro. Se desarrollaron los neonicotinoides, como por ejemplo el Imidacloprid, que se usaron ampliamente en la agricultura. Sin embargo, como antes se aprueban y comercializan los productos que se evalúa su incidencia en el medioambiente o la salud, actualmente los neonicotinoides están siendo restringidos en varios países debido a una posible conexión con la mortalidad de las abejas. Similar insecticida es la permetrina, un plaguicida de amplio espectro y muy utilizado en agricultura, con poca toxicidad para los mamíferos (excepto los gatos). Sin embargo, los productos que contienen esta sustancia sueles utilizar el butóxido de piperonil como inhibidor de las enzimas que actúan en la detoxificación, con el fin de potenciar la acción del insecticida. Y este sinérgico de plaguicidas es considerada por algunos científicos como causante de cáncer en humanos.
Como pediculicida, la permetrina también tiene su función, porque la mayor parte de los champús antipiojos contienen esta sustancia insecticida, aunque en dosis muy bajas. Y es que, como comentábamos inicialmente, la permetrina no es un plaguicida o un pediculicida, sino un biocida, y su función es la de matar insectos indiscriminadamente, sin diferenciar los parásitos de otros insectos.
Para disminuir su incidencia en la salud y el medioambiente, y para mejorar su eficacia, el uso de insecticidas químicos tiene que combinarse con otros medios alternativos de lucha contra las plagas y, sobre todo, tienen que aplicarse en el momento de desarrollo de la plaga en que sean más eficientes.
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jueves, 19 de abril de 2018

Cómo actúan depredadores y parásitos de las plagas



En un intento de reducir los desequilibrios que en ocasiones ocasionan los tratamientos químicos
(en los suelos, en los ecosistemas, etc) o por las restricciones legislativas en el uso de determinados
productos en el control de plagas, se están aplicando otros métodos alternativos. Se utilizan otros
insectos, enemigos naturales de las plagas, que actúan como depredadores o parásitos. Algunos
estudios han evaluado los beneficios obtenidos por cada euro invertido en control biológico. En el
caso de frutales se han calculado hasta 25 € de beneficio por euro invertido, frente a los 3 € de
beneficio por euro invertido en estrategias no biológicas (Tisdell, C.A, 1990. Economic impact of
biological control of weeds and insects)

El uso de depredadores y parasitoides brinda un control efectivo contra las plagas cuando se usa
oportunamente. Para ello hay que tener un buen conocimiento del organismo de control biológico,
de la plaga y de otros factores, como la densidad entre el depredador/parasitoide y la plaga, el estadío
biológico de la plaga, las condiciones climatológicas, etc. Para incrementar la efectividad de estos
mecanismos de control es importante acertar en la buena sincronización entre el organismo de control
biológico y la plaga. En la mayoría de los casos la falta de presa limitaría el éxito de la acción de control.
Porque el éxito del control de la plaga, dependerá de la cantidad y naturaleza de la fuente de alimento
disponible.

Para utilizar estos métodos alternativos de control de plagas hay que tener en consideración las
plagas a las que el organismo ataca, las características propias de su régimen alimenticio (su fase
depredadora), las preferencias alimenticias de las distintas fases, o cómo se realiza el mecanismo
de parasitismo. Los modelos matemáticos de desarrollo y predicción de la plaga son de gran ayuda
en la la aplicación de estos sistemas de control biológico de plagas, pues permiten determinar con
bastante precisión el cuándo y el cómo hacer las sueltas de los enemigos naturales.


DEPREDADORES
Los insectos depredadores pueden actuar como tales en todas sus fases de desarrollo. Pero cada
especie depredadora tiene una peculiaridad en su acción. La crisopa (Chrysopidae sp.) es un conocido
enemigo natural de los pulgones.  Pero en realidad es la larva de la crisopa la que es una experta
devoradora de pulgones, a los cuales extrae todo su líquido con sus grandes fauces. Un caso parecido
es el de Aphidoletes aphidimyza, otra larva depredadora que actúa de una manera similar a la anterior
pero que, para inmovilizar al pulgón le inyecta una saliva tóxica y extraer así los líquidos del pulgón.
En cambio, las larvas de Feltiella acarisuga son depredadoras de todos los estados de araña roja.

Aphidoletes aphidimyza

En otros casos, no son las larvas, sino fases posteriores de su desarrollo biológico las que actúan
como depredadores. Macrolophus caliginosus, es una chinche cuyas formas adulta y de ninfa se
alimentan de todos los estadíos de mosca blanca,


De manera genérica se puede decir que los depredadores son capaces de alimentarse de todos los
estados biológicos de sus presas, desde los huevos hasta los adultos. Pero nuevamente los insectos
tienen sus preferencias y sus mecanismos de alimentación. Por ejemplo Amblyseius swirskii se
alimenta  preferiblemente de huevos y ninfas jóvenes de mosca blanca y larvas de trips. También es el
caso de Ablyseisus cucumeris, que se alimenta principalmente de huevos eclosionados y larvas de
primer estadío de trips. En cambio, el ácaro Amblyseius (Neoseiulus) californicus actúa sobre todos los
estados de araña roja.

Adulto de S almimentándose de una larva de trip


Existen ciertos depredadores, como Phitoseiulus persimilis, que es un depredador exclusivo del género
Tetranychus (arañas rojas), y cuyas larvas, que permanecen inactivas, sin capacidad de depredación.
Cuando el ácaro depredador, adulto o ninfa, encuentra la presa, succiona el contenido fluido de su
cuerpo Phitoseiulus persimilis depreda huevos y estados inmaduros. Los ácaros adultos devoran todos
los estadíos de la araña roja.

Hay insectos depredadores oligófagos (depredadores de varios géneros y especies de una misma
familia), monófagos (sólo se alimentan de un sólo género) o polífagos (se alimentan de especies
distintas). Orius laevigatus, es un depredador polífago. Y consume tanto larvas como adultos. Otro
depredador polífago es Coenosia attenuata, (mosca asesina, mosca tigre) un depredador natural,
no comercializado porque es muy difícil de criar, que en estado larvario se desarrolla en el suelo y
se alimenta principalmente de larvas de esciáridos, y otras lombrices del suelo. Que  como adulto
se alimenta de gran variedad de plagas, como la mosca blanca (cuyos adultos captura incluso al vuelo),
minadores y moscas drosophilas.

Coenosia attenuata alimentándose de mosca blanca

O el caso de Nesiddiocoris tenis, que es un depredador fundamental en el cultivo del tomate puesto
que contribuye al control de mosca blanca, y polilla del tomate, además de alimentarse de trips, ácaros,
pulgones y huevos de lepidópteros. En cambio, Phythoseiulus persimilis, es depredador exclusivo de
arañas del género Tetranychus, a las que, eso si, devora en todos sus estadios.

Nesiddiocoris tenis control biológico de la Tuta absoluta


Tras lo explicado, es evidente que cuanta mayor sea la versatilidad del depredador, tanto por el tipo
de insectos de los que se alimenta, por su fase depredadora, como por su dieta, mayor será la
posibilidad la eficacia del insecto y mayor el control de la plaga. Así sucede por ejemplo con
Cryptolaemus montrouzieri, que es el enemigo natural más utilizado contra la cochinilla algodonosa.
En su caso, tanto las formas adultas como las larvas son depredadoras de todos los estadios de
cochinilla. Es el caso también de Orius laevigatus, cuyas formas adultas, larvas y ninfas actúan,
a su vez, sobre larvas y adultos de trips. O el de las mariquitas de 7 y 2 puntos (Coccinella
septempunctata y Adalia bipunctata respectivamente), que actúan como depredadores de pulgones
siendo larva o adulto. De ahí su éxito en el control biológico de plagas.

Coccinella septempunctata alimentándose de un áfido


PARASITOIDES

Los parasitoides actúan como tales durante sus estadíos inmaduros, generalmente en su fase de larva.
La hembra del insecto parásito pone un huevo dentro del cuerpo del insecto parasitado. La larva que
nace se va alimentando de aquellas partes del organismo menos vitales para evitar la muerte temprana
del insecto parasitado. Cuando el parasitoide ha alcanzado una fase madura, empupa, y al final de esta
fase abandona el cuerpo del insecto, ya muerto, para a su vez dirigirse a buscar otros insectos sobre
los que depositar sus huevos e iniciar un nuevo ciclo de parasitismo. Las hembras de Encarsia formosa
depositan sus huevos dentro del cuerpo de una ninfa de tercer estadio de la mosca blanca y se inicia el
parasitismo. Pero el mecanismo en que se inicia el parasitismo no es siempre el mismo. La hembra de
Aphidius colemani detecta a larga distancia una colonia de pulgones, se acerca y palpa a los pulgones
con sus antenas, pone el huevo en uno de ellos y cuando éste eclosiona, la larva que emerge se
alimenta dentro del hospedante. En otros casos el insecto parasitoide no elige un adulto para poner
el huevo sino una larva. Cuando la avispilla Diglyphus isaea encuentra una larva de minador en el
interior de una galería, la paraliza, y a continuación realiza una puesta junto a la larva, de forma que
cuando eclosione su huevo, su larva pueda alimentarse nada más nacer. Trichogramma evanescens
es una avispa que no parasita larvas o adultos, sino huevos de lepidópteros. Incluso puede suceder
que no sea la hembra adulta la que inicia la acción como parásito, sino las larvas. Tal es el caso de la
larva de primer estadio de Eretmocerus mundus, que es la que se introduce en el interior de la larva de
mosca blanca (Bemisia tabaci).


Aphidius colemani

Determinar cuál es el depredador o parásito a utilizar para controlar una plaga específica requiere una gran cantidad de conocimientos e información que facilite el éxito del tratamiento. Es fundamental determinar el momento de la suelta y su dosis, de acuerdo a las condiciones climatológicas adecuadas, así como el ciclo de la plaga y del enemigo natural. Al calcular los momentos de desarrollo biológico de 179 plagas FuturCrop es el software que indica el momento de mayor vulnerabilidad de cada plaga específica, para su tratamiento químico y biológico.

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Organismos de Control Biológico para el control de plagas

viernes, 2 de marzo de 2018

Pasado, presente y futuro de la utilización de insecticidas químicos en la agricultura










El azufre, el sulfato de cobre, la cal, el arsénico, la nicotina, son sustancias que se han utilizado tradicionalmente en la agricultura para preservar las cosechas del ataque de las plagas. Muchas de esas sustancias son tóxicas para todos los seres vivos, pero también esenciales para la vida. Algunas de estas sustancias pueden ser componentes de algunos medicamentos.

A principios del siglo XX, con el desarrollo exponencial de la industria de síntesis química, se empezaron a utilizar en la agricultura los plaguicidas sintéticos, inicialmente plaguicidas organoclorados, como el DDT, el lindano, aldrin, endrin, etc. Se trataba de sustancias semivolátiles y persistentes, que aseguraban un efecto insecticida más prolongado sobre los cultivos. En un primer momento fueron una solución rápida, económica y fácil al problema de las plagas. Dichos insecticidas se utilizaron extensivamente desde la década de los 50 hasta los años 70. Sin embargo, posteriores  estudios científicos demostraron que esos componentes químicos se acumulaban en los tejidos vivos y aumentaban su concentración al ascender en la cadena trófica. Y se relacionaron con efectos nocivos sobre la salud: un incremento del riesgo de cáncer, origen de malformaciones y otras patologías. Consecuentemente, a partir del año 2000 los insecticidas organoclorados se prohibieron en numerosos países. A pesar de ello, todavía convivimos con sus residuos, pues aún se encuentran en los seres humanos y mamíferos en todo el planeta muchos años después de que su producción y uso hayan sido limitados

Pero la agricultura de producción intensiva ya se había acostumbrado a la utilización de los productos químicos, pues reducían algunas labores del campo, eran relativamente sencillos de aplicar, inicialmente baratos, y se podían repetir los tratamientos cuantas veces hiciera falta. Con la prohibición de los primeros insecticidas sintéticos, el sector agrícola necesitaba similares productos que utilizar. Y se trataba de un gran nuevo mercado para las empresas químicas. Además, las empresas químicas podían aprovechar para la agricultura los avances realizados durante la Segunda Guerra Mundial en el desarrollo de gases neurotóxicos de uso exclusivamente militar. Se desarrollaron y comercializaron para el uso agrícola los insecticidas organofosforados (malation, paration, etc) y los carbamatos. Los primeros son muy tóxicos para el hombre, aunque poco persistentes pues se eliminan en la orina. Consolidaron su uso agrícola a partir de los años 50, hasta la actualidad. Por otro lado, los carbamatos (por ejemplo el carbaril, o el propoxur) son poco tóxicos y poco persistentes. Menos eficaces por tanto en su acción como pesticidas y, por ese motivo, se usan menos en la agricultura, y más como insecticida domésticos. Tampoco se trata de compuestos totalmente inofensivos pues son relativamente solubles, tienen por tanto facilidad para contaminar las aguas.

La importancia de los efectos que puedan tener los insecticidas organofosforados y carbamatos sobre la salud puede ser comprendida cuando se estima que aproximadamente tres millones de personas se exponen anualmente a dichos agentes.

En años recientes se han desarrollado nuevos compuestos químicos que se aplican como insecticidas en la agricultura, como es el caso de los organoestannicos, los neonicotinoides (químicamente similares a la nicotina, y actualmente los insecticidas más utilizados), los piretroides (que emulan los efectos insecticidas de las piretrinas naturales), etc.

A pesar de los problemas que los estudios científicos están demostrando que numerosos pesticidas están causando en la salud y en el medio ambiente, se ha generalizado el uso agrícola de estos compuestos químicos en el control de las plagas. Realmente es muy difícil determinar el efecto de estos compuestos químicos en los organismos humanos. Puede tardar entre 20 o 30 años en manifestarse un efecto negativo en el organismo. Y la ciencia necesitaría otros 20 años para demostrar la relación de causa-efecto. Con dichos plazos de tiempo, cuando un producto eventualmente se retire del mercado, para algunas personas, para el medio ambiente, puede que ya sea tarde. Lo razonable sería que a la industria agroquímica se le exigiera comprobar los efectos de todas las sustancias de sus productos a priori, y no a posteriori, por los efectos que tiene sobre los alimentos y por tanto sobre la salud humana.

Que la agricultura de producción intensiva actual depende de los insecticidas químicos para el control de las plagas es un hecho. Según los datos de la Faostat, el organismo de estadística de la FAO, el consumo mundial de pesticidas se incrementa anualmente desde hace décadas. De las 45.000 toneladas de consumo mundial en los años 50, el uso de insecticidas químicos en la agricultura ha ido creciendo constantemente, con un significativo incremento en el año 2003. A partir del año 2014 el consumo mundial anual de insecticidas químicos superó los 3 millones de toneladas. La cifra es aún mayor porque las estadísticas no incluyen a la Federación de Rusia, que no aporta datos para la elaboración de las estadísticas. El ranking de consumo de insecticidas químicos es muy similar al ranking de los mayores países productores agrícolas. China, el mayor productor agrícola del mundo, es el país que más pesticidas utiliza (1,8 millones de toneladas), seguido por Argentina y México. Desde otra perspectiva, teniendo en cuenta la superficie cultivada de cada país, el consumo por hectárea más alto corresponde a Japón, Corea del Sur y Taiwan.

A pesar del uso generalizado de pesticidas para el control de plagas en la agricultura, no parece que el problema de las plagas y enfermedades de los cultivos esté solucionado. Porque la mera utilización de pesticidas no garantiza la eficiencia de los tratamientos químicos. De hecho, sólo un 30% de los pesticidas tiene efecto en el control de las plagas. Porque gran parte del producto se pierde por volatilización, escorrentías o lixiviación. El cultivo convencional requiere varias aplicaciones de tratamientos, de un conjunto diverso de componentes. Lo cual no sólo aumenta los costes, sino que también causa una grave contaminación ambiental y excesivos residuos de pesticidas en los alimentos.

Además, como consecuencia del uso repetido e indiscriminado de los insecticidas químicos sobre las cosechas, la presión evolutiva ha favorecido la resistencia a los mismos por parte de las plagas. Un fenómeno que se ha incrementado recientemente. Sin embargo, no hay duda de que las multinacionales agroquímicas ofrecerán a los agricultores nuevos productos que solucionen el problema. Porque ese sistema de cada vez mayor consumo de pesticidas para mayor beneficio de los fabricantes es el “futuro” de la agricultura que anhelan.

Es más, a pesar del incremento anual en el uso de pesticidas químicos, los daños de las plagas en los cultivos no se ha reducido significativamente. En un informe presentado ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, Hilal Elver, Relatora Especial sobre el derecho a la alimentación, decía:

"96. A pesar de su uso generalizado, los plaguicidas químicos no han logrado reducir las pérdidas de cosechas en los últimos 40 años (E. C. Oerke, “Crop losses due to pests”, Journal of Agricultural Science, vol. 144, núm. 1 (febrero de 2006). A/HRC/34/48 24 GE.17-01059). Ello se ha atribuido a su uso indiscriminado y no selectivo, que hace que no solo mueran las plagas, sino también sus enemigos naturales y los insectos polinizadores. La eficacia de los plaguicidas químicos también se ve enormemente reducida por la resistencia que se desarrolla a ellos con el tiempo."

Aún actualmente, a nivel mundial, se estima que las pérdidas anuales de cosechas debido a las plagas y enfermedades oscila  entre el 20 y el 40 por ciento de la producción. En términos de valor económico, las plagas y  las enfermedades de las plantas le costó a la economía global alrededor de 220 mil millones de dólares anuales, y los daños producidos por insectos invasores, o plagas transfronterizas (un fenómeno preocupante, consecuencia del cambio climático y del comercio global)  alrededor de US $ 70 mil millones.
 El grado de saturación de plagas para una región es la media de los grados de saturación de los países de esa región. El grado de saturación en un país es el número de plagas y patógenos actualmente presentes dividido por el número de plagas y patógenos que podrían ocurrir. Fuente Bebber, Holmens and Gurr, 2014. The global spread of crop pests and pathogens. Global Ecology and Biogeography, 23(12): 1398–1407.

Aproximadamente el 10% de las plagas y enfermedades de las plantas ya han infestado la mitad del países que podrían haber infestado. Y este fenómeno está aumentando debido a diversos factores, entre los que se encuentran el movimiento de materiales de siembra, el comercio internacional y el aumento global de las temperaturas. A pesar del incremento en el uso de insecticidas químicos en la agricultura, nuevas plagas arruinan las cosechas de aquellos lugares donde se implantan por primera vez.

Las promesas de incremento de las cosechas lanzadas al viento por empresas y lobbies no se han materializado. Los agricultores han perdido control de sus costes, y las malezas y las plagas serán cada día más resistentes al uso indiscriminado de los pesticidas. El futuro de los alimentos que realmente necesitamos involucra suelos saludables y sistemas de cultivo biodiversos.

La tendencia actual consiste en reducir el uso de pesticidas en el control de plagas, en unos casos volviendo a métodos adaptados de la agricultura tradicional, como el control biológico, en otros casos a través del desarrollo de semillas genéticamente modificadas para ser resistentes a plagas específicas. La ingeniería genética ha conseguido insertar el gen de alguna de las más de 200 tipos de proteínas Bt (producida en la naturaleza por una bacteria natural del suelo, Bacillus thuringiensis) en el genoma del cultivo, para crear una resistencia natural al insecto. Cuando la larva del insecto plaga ingiere la bacteria, se activa la proteína Bt en condiciones específicas de pH alcalino en su intestino y lo perfora.

Respecto al futuro de los pesticidas y el control de plagas en la agricultura, es la industria de las grandes empresas las que determinan el camino a seguir. En el informe previamente mencionado, la Relatora Especial sobre el derecho a la alimentación, ofrecía elementos de reflexión y debate.

"El derecho de los agricultores a evaluar tecnologías como los cultivos genéticamente modificados y sopesarlas frente a otras alternativas posibles también se ha pasado por alto en los supuestos de la teoría económica convencional (Daniela Soleri et al., “Testing economic assumptions underlying research on transgenic food crops for third world farmers: evidence from Cuba, Guatemala and Mexico”, Ecological Economics). De hecho, hay quien sostiene que el desarrollo de alternativas se ha visto socavado por el énfasis puesto en la inversión en tecnologías de ingeniería genética (Oye Ka et al., “Biotechnology: regulating gene drives”, Science, vol. 345, núm. 6197, 8 de agosto de 2014)."

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