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miércoles, 5 de septiembre de 2018

Los bioplaguicidas como alternativa a los plaguicidas sintéticos



A partir de los años 50 el empleo de plaguicidas sintéticos para el control de plagas y malezas se generalizó en la agricultura debido a la reducción de mano de obra, su efectividad, simplicidad y rapidez de actuación. Pero con el transcurso del tiempo se han descubierto sus efectos sobre la salud humana, la fauna benéfica, los problemas que generan de contaminación ambiental y el desarrollo de resistencia en los insectos que ha reducido su eficacia. El mercado de plaguicidas sintéticos continúa creciendo, pero los consumidores son cada vez más conscientes de los daños que causan, y los Gobiernos, a través de los órganos reguladores, aprueban menos plaguicidas, o los retiran gradualmente del mercado. Además el coste de nuevos pesticidas sintéticos se sitúa en unos US$240, mientras que el desarrollo de un nuevo biopesticida alcanza se establece en los US$15-25 millones”.

Esta situación abre oportunidades la introducción de productos desarrollados por la biotecnología en el mercado de los insumos agrícolas. Ya se nota esa tendencia en el mercado: mientras el mercado de los plaguicidas sintéticos crece anualmente un 2%, los bioplaguicidas lo están haciendo en un 10% anual. Y es un hecho que el sector agrícola necesita productos eficaces contra las plagas y la maleza, que no generen resistencias, que no desgaste los nutrientes del suelo, que no sean tóxicos para la fauna auxiliar y polinizadores, que no dejen residuos en los productos agroalimentarios, con plazos de seguridad nulos o reducidos, y con alta persistencia.


Los bioplaguicidas como alternativa actual a los plaguicidas de síntesis. ¿Existen bioplaguicidas tóxicos? ¿Está la agricultura orgánica libre de pesticidas, y de pesticidas tóxicos? Porque la rotenona tiene tanta toxicidad y permanencia como el DDT. ¿Qué tipos de biopesticidas existen, son bacterias, virus o aceites vegetales?. ¿Cuales son las ventajas/inconvenientes de los bioplaguicidas sobre los plaguicidas de síntesis?






jueves, 27 de julio de 2017

Efectos de la agricultura en el medio ambiente, el abejorro europeo que alteró el sistema en Sudamérica


La agricultura aprende de la naturaleza, en ocasiones la modifica y altera, para producir y alimentar a una población creciente. Pero una empresa agrícola no es una empresa de producción cualquiera. En ocasiones la optimización de procesos, la modificación de su tecnología, tiene consecuencias imprevistas en el medio ambiente.

Alguien pensó que en vez de polinizar mediante hormonas o manualmente podría disminuir los costos de producción mediante la polinización natural de los cultivos utilizando abejorros. Y efectivamente, el abejorro se empezó a comercializar en los años 80 para facilitar la polinización de las flores en el cultivo del tomate, dado que su vibración es particularmente eficaz en sus flores. Hoy día esta técnica en este cultivo está casi generalizado. Los abejorros trabajan desde antes del amanecer, hasta que se esconde el sol, con un promedio de 10-14 flores por minuto. Son polinizadores incansables y eficientes. Cuando las abejas por temperaturas inferiores a 14°C no pueden trabajar o cuando se cultiva bajo condiciones de invernadero, el abejorro colecta polen y néctar bajo los 5° C”.

El abejorro europeo, Bombus terrestris,  es el polinizador idóneo para los cultivos del mundo, pues puede polinizar más de trescientas especies de plantas. Es una de las cinco especies de Bombus que se crían comercialmente y la más extensamente utilizada para polinizar más de 25 cultivos, tanto en invernaderos como como a campo abierto.

En 1998, el Instituto Nacional de Investigaciones Agrícola (INIA) apoyó que grupos de agricultores de Chile empezaron a utilizar abejorros Bombus terrestris en sus invernaderos, con el objetivo de mejorar el proceso natural de polinización de sus cultivos. Previamente ya se había introducido en Chile el abejorro Bombus ruderatus, sin daños importantes en los ecosistemas.

Pero en este caso hubo varios problemas. Algunas poblaciones del abejorro europeo se escaparon de los invernaderos y se asilvestraron. Y también empezaron a utilizarse en la polinización de frutos que tienen cultivos a campo abierto. Quedó libre en el medio ambiente, desplazándose unos 200 km anuales.

La propagación de abejorro europeo está causando un grave efecto en las poblaciones del abejorro nativo, abejorro gigante, mangangá del sur o moscardón del bosque, Bombus dahlbomii.

Ambas especies de abejorro empezaron a competir, por los sitios de nidificación y por el alimento. Y se alteraron las condiciones del medio, principalmente por cambios en la producción de semillas de las plantas nativas patógenos, y la polinización de malezas introducidas.

Es un hecho que el aumento de Bombus terrestris concuerda con la disminución de poblaciones de Bombus dahlbomii. El abejorro autóctono ha desaparecido hasta en un 80%. Varios factores influyen, pero el más importante es el de la transmisión de organismos patógenos a los insectos autóctonos. Las cargas parasitarias (Apicystis bombi, Crithidia bombi, Nosema bombi) que tienen los abejorros europeos son tan altas que, cuando una colonia se libera al ambiente, el 80 o 90% de los individuos está contagiado.

Lamentablemente estamos empezando a conocer los efectos en la biodiversidad que pueden tener procesos de innovación en la agricultura como el descrito.

Pero los efectos de la intervención humana en la naturaleza se duplican en este caso. En marzo de 2012 la revista científica Science publicó una investigación en la que se  se relacionaba la disminución del tamaño y la producción de reinas en colonias del abejorro europeo, que habían sido alimentadas con néctar y polen de flores con trazas del insecticida imidacloprid, el cual tiene un amplio uso en la agricultura.




miércoles, 3 de mayo de 2017

Lo quiero grande y gordo: fitoreguladores, nitratos, hormonas vegetales. Y además con pesticidas.




Se nos dice que las preferencias del consumidor son las que determinan que los productos agrícolas que nos presentan en el mercado sean grandes, brillantes, sin mácula y lustrosos. Pero la realidad es que el consumidor no tiene toda la información del producto agrícola. No sabe que para llegar a ese aspecto ha sido necesario un cambio en los métodos de producción agrícola que requiere el uso de agroquímicos en abundancia. Seguramente el consumidor tomaría otra decisión si al comercializarlo se atrevieran a especificar en las etiquetas cómo se ha conseguido ese producto. Por ejemplo, cuántas aplicaciones de pesticidas se han realizado, si 12 o 15 o 30. Quizá, mejor informado, el consumidor elegiría un producto que tuviera la mitad del tamaño, con una mancha y sin brillo, si eso supone que se ha tratado 3 veces menos con pesticidas y no lleva ceras. Negando información al consumidor, es más fácil que este tome la decisión que el vendedor quiere que tome.
Porque la agricultura de producción intensiva, que es la agricultura actual, es una agricultura de producción acelerada. El presente es ya el futuro, y todos queremos hacerlo rápido. Pero rápido no significa eficiente. En agricultura, y en casi todo, podemos sustituir la eficiencia por la productividad, por la vía fácil y rápida. O podemos mejorar, siendo más eficientes mediante el conocimiento y el esfuerzo.
En la agricultura actual, en esa carrera por la productividad fácil, los agroquímicos han sido una gran ayuda. El cultivo se ha convertido en producción. Y el conocimiento ha sido sustituido por la receta: fitoreguladores, un poquito de nitrato o fosfato, tanto de herbicida, antibiótico, lo que toque de pesticidas (para prevenir, para tratar, para volver a tratar, para volver a prevenir, y algo más si el año ha sido malo), antibiótico, cuando toca, más nitratos o fosfatos. Y así.
Pero, como consecuencia de los abonos químicos, las verduras comerciales de hoy tienen una composición absolutamente diferente que no hace tanto. Generalizando, podríamos decir que tienen seis veces menos sodio, la mitad de magnesio, tres veces menos cobre y cuatro veces más potasio.
Herbicidas y pesticidas son la parte más cuestionada de los agroquímicos de la agricultura moderna. Principalmente, porque están dejando un legado tóxico en las espaldas de la sociedad.
La utilización creciente y recurrente de pesticidas ha favorecido el desarrollo de lo que se denomina resistencia genética de las plagas a los pesticidas. La llamada resistencia genética se produce porque entre los individuos que componen la población de una plaga algunos aguantan la acción del pesticida, y son los genes de esos individuos resistentes los que se transmiten. Su descendencia forma las nuevas poblaciones de la plaga. Y la acción del pesticida contra ellas será mucho menor. En muy pocos años el número de especies de plaga con resistencia a los pesticidas ha aumentado de una manera espectacular.
Los pesticidas tienen varios efectos adversos. No sólo matan a las plagas, sino también a los insectos depredadores o parásitos de las plagas y otros seres vivos, como las abejas, pájaros, ardillas, conejos, etc. Evidentemente, sus dosis tienen que estar muy controladas porque pueden tener graves consecuencias para la salud humana. Realmente, es veneno.
Sin embargo, el problema real de los pesticidas es que muy difícilmente desaparecen del medio ambiente. Permanecen en las aguas y en el aire durante años. En el año 2012 detectaron en la Antártida pesticidas que se habían prohibido 8 años antes. Los pesticidas no desaparecen fácilmente. Incluso se acumulan en la cadena trófica.
Nadie quiere informar al consumidor de la presencia de residuos de pesticidas químicos en los alimentos. ¿Se atrevería alguien a etiquetarlo (Este alimento contiene trazas de…)? Y en las pocas ocasiones en que se comenta la existencia de residuos en los pesticidas, se explica que las dosis autorizadas son tan bajas que laboratorios, autoridades, productores agrícolas, todos, aseguran que son totalmente seguros para el consumidor. Pero nadie sabe si esos residuos de aquí y allá son acumulativos en el organismo. Hay residuos de pesticidas en las frutas, las hortalizas, el vino, los forrajes de los animales, el pienso, el café, el tabaco…
Sabemos que el contacto con altas dosis de pesticidas puede producir la muerte. Pero no sabemos si una acumulación de dosis bajas, con largos períodos de contacto puede provocar problemas de salud o enfermedades graves. En el mundo actual todos estamos expuestos diariamente al contacto y a la ingestión de pequeñísimas y muy seguras cantidades de pesticidas. Pero nadie sabe las consecuencias que pueda tener en el organismo humano.
La información llega cada vez a más consumidores. Y la presión social se traducirá en legislación. La agricultura del futuro será una agricultura saludable, no contaminante y respetuosa con el medio ambiente.
Y para mejorar su productividad, se apoyará necesariamente en las nuevas tecnologías para la toma de decisiones
En FuturCrop hemos desarrollado una tecnología que automáticamente pone al alcance del agricultor la información que necesita sobre el desarrollo de las plagas que afectan a sus cultivos. La aplicación del tratamiento elegido en el momento adecuado, un larvicida en la fase de larvas de primera o segunda generación, o la suelta de parásitos de larvas en ese mismo momento, hace que ese tratamiento sea mucho más eficiente, y en ocasiones resolutivo. Pretendemos reducir la dependencia de la agricultura respecto a los pesticidas y encontrar la clave del control de plagas en la propia naturaleza.

Puedes registrarte y utilizar gratuitamente para el control de plagas